Conde de floridablanca goya

Conde de floridablanca goya 2021

la maja vestida

Este cuadro se considera el primer encargo importante de Goya para un retrato, y su éxito se atribuye al inicio del ascenso de Goya hasta convertirse en el principal pintor de Madrid. El escenario de la imagen describe visualmente al sujeto, con objetos de rango y responsabilidad colocados alrededor del oscuro interior. La hora del reloj indica, junto con las pesadas sombras, que tanto Goya como el conde tenían un horario de trabajo tardío.

Los historiadores del arte comentan la acción de Goya dentro del cuadro. Está presentando un cuadro al Conde, que parece estar mirándose en un espejo y comprobando el parecido y la exactitud de la imagen. En el suelo hay un libro que indica la implicación del Conde en el trabajo de realización de este cuadro:

El conjunto del retrato constituye una celebración pintada del gusto vanguardista, de la modernidad y de la reforma social. Un libro de Antonio Palomino sobre las técnicas de la pintura yace en el suelo con un rotulador en él, lo que sugiere que el ministro, como hombre culto de la moda, no sólo posee dicho libro, sino que lo está leyendo. Sobre la mesa se apoya un plano de la terminación del Canal Imperial de Aragón, un detalle que el aragonés Goya debió de preocuparse especialmente de colocar en un lugar destacado. Floridablanca consideraba su apoyo a esta nueva obra de ingeniería como un logro memorable de su ministerio.

la familia del infante do…

Este cuadro perteneció a la marquesa Martorell y Pontejos, y luego al Conde de Miraflores y Marqués de Villanueva de Valdueza, a quienes fue adquirido por el Banco Urquijo. Al desaparecer esta institución, pasó a ser propiedad de su actual dueño.

Cuando Goya lo inmortalizó en este retrato, Floridablanca estaba en el cenit de sus poderes. En este retrato oficial, el conde aparece en el centro de la composición, de pie, con la estatura algo aumentada y con un aire distante. Lleva en la mano derecha unas gafas y está vestido con un traje rojo de etiqueta, con el fajín azul de Carlos III sobre el pecho.

Se trata de una de las primeras obras importantes que Goya recibió el encargo de pintar, y llegó poco después de ser elegido académico de la Real Academia de San Fernando (1780). Esta elección le permitió acceder al círculo de aristócratas y a algunas de las figuras más importantes de la sociedad madrileña.

retrato de doña isabel de porcel

Recuerdo que me tropecé con mi primer retrato de Goya en el Louvre, un retrato de una mujer con un vestido azul pálido. Me detuvo literalmente, el efecto visceral era tan poderoso. El cuadro tenía un cierto tacto, una presencia en la figura que producía esta respuesta emotiva. Y la luz que emanaba del cuadro. Creo que se me cayó la mandíbula al suelo.

Goya puede ser cortante cuando quiere, como en el pomposo retrato del bufón Fernando VII vestido de corte (1814-5, abajo); puede ser preciso y reservado como en Don Valentín Bellvís de Moncada y Pizarro (hacia 1795, abajo) donde los ojos son la clave del retrato; puede ser fuerte y franco como en el musculoso retrato de Martín Zapater (1797, abajo); o puede ser inscrutablemente honesto Autorretrato ante el caballete (1792-5, abajo) y cariñoso Mariano Goya y Goicoechea (nieto del artista) (1827, abajo). Pero, sobre todo, es humano.

La riqueza y combinación de los colores, la sensación de espacio que rodea al modelo (con sus fondos principalmente descontextualizados y el aislamiento de la figura en el espacio pictórico), su poder -tanto personal como político- y la cierta cautela, cansancio y despreocupación de sus expresiones… son una maravilla para la vista. Es como si los personajes se hubieran detenido un momento para reflexionar sobre sus vidas. Casi como si hubieran conjurado o imaginado su propio rostro, como en un sueño.

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