Conjunto arqueológico de carmona

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En la actualidad, la Zona Arqueológica del Conjunto Arqueológico de Carmona comprende, entre otras cosas, dos notables áreas edificadas de la época romana (entre los siglos I y II). Por un lado, la Necrópolis, considerada como uno de los recintos funerarios romanos más grandes y mejor conservados de la Península Ibérica, y por otro, el Anfiteatro, recinto utilizado para el entretenimiento. Ambos están situados al oeste, en las afueras de la ciudad, y se extienden por unas ocho hectáreas.

Destacan el carácter histórico de algunos edificios, como la Tumba del Elefante o la Tumba de Servilia; los espectaculares objetos funerarios, que pueden verse en el Museo del lugar, así como el fascinante paisaje de la zona.

Junto a la Necrópolis se encuentra el Anfiteatro, parcialmente excavado en la roca de la colina, aprovechando la pendiente natural del terreno, donde se celebraban los juegos de gladiadores y otros eventos que se realizaban habitualmente en este tipo de edificios. Una parte se utilizaba como necrópolis.

قرمونة

La historia de Carmona comienza en uno de los emplazamientos urbanos más antiguos de Europa, con casi cinco mil años de ocupación continuada en una meseta que se eleva sobre la vega del río Corbones en Andalucía, España. La ciudad de Carmona se encuentra a treinta kilómetros de Sevilla, en la parte más alta del terreno inclinado de la escarpa de Los Alcores, a unos 250 metros sobre el nivel del mar. Desde la primera aparición de sociedades agrícolas complejas en el valle del Guadalquivir, a principios del Neolítico, diversas civilizaciones han tenido presencia histórica en la región. Todas las diferentes culturas, pueblos y entidades políticas que allí se desarrollaron han dejado su huella en el mosaico etnográfico de la actual Carmona[1].

Su importancia histórica se explica por las ventajas de su ubicación. La meseta fácilmente defendible en la que se asienta la ciudad, y la fertilidad de las tierras que la rodean, hicieron del lugar un importante núcleo de población. La posición estratégica de la ciudad, que domina la vega, era una fortaleza natural que le permitía controlar los caminos que conducían a la meseta central del valle del Guadalquivir,[2] y por tanto el acceso a sus recursos.

Definir carmona

La Necrópolis data de alrededor del siglo I. El ritual de enterramiento más utilizado entonces era el de la incineración. Los cadáveres se incineraban en piras situadas en agujeros previamente excavados en la roca. A veces, estas incineraciones se utilizaban también para el enterramiento, colocando las cenizas en la tumba que se cubría con piedra de sillería, ladrillos o tejas. Una vez cubierta, se colocaba un cartel que indicaba el lugar y el nombre del difunto.

La tumba de Servilia, la mayor de todas las estructuras tradicionales de la Necrópolis, se basa en el modelo helenístico y está construida en forma de lujosa mansión, con un gran patio porticado que permite el acceso a sus diferentes estancias.

En la parte delantera del patio se encuentra la cámara funeraria, con un gran vestíbulo, de forma trapezoidal, y cubierta por una bóveda apuntada; esto le confiere un carácter único e inédito en la zona.

Conjunto arqueológico de carmona del momento

La historia de Carmona comienza en uno de los emplazamientos urbanos más antiguos de Europa, con casi cinco mil años de ocupación continuada en una meseta que se eleva sobre la vega del río Corbones en Andalucía, España. La ciudad de Carmona se encuentra a treinta kilómetros de Sevilla, en la parte más alta del terreno inclinado de la escarpa de Los Alcores, a unos 250 metros sobre el nivel del mar. Desde la primera aparición de sociedades agrícolas complejas en el valle del Guadalquivir, a principios del Neolítico, diversas civilizaciones han tenido presencia histórica en la región. Todas las diferentes culturas, pueblos y entidades políticas que allí se desarrollaron han dejado su huella en el mosaico etnográfico de la actual Carmona[1].

Su importancia histórica se explica por las ventajas de su ubicación. La meseta fácilmente defendible en la que se asienta la ciudad, y la fertilidad de las tierras que la rodean, hicieron del lugar un importante núcleo de población. La posición estratégica de la ciudad, que domina la vega, era una fortaleza natural que le permitía controlar los caminos que conducían a la meseta central del valle del Guadalquivir,[2] y por tanto el acceso a sus recursos.

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