Posmodernismo en estados unidos

Modernis…

Postmodernism in Estonian Literary Culture explora la influencia del postmodernismo en la cultura estonia, más concretamente en su literatura. El autor examina cómo llegó el posmodernismo a la cultura literaria estonia y cómo arraigó en ella, tanto a nivel teórico como en las prácticas culturales. Surgen paralelismos evidentes con los cambios culturales radicales que se produjeron en los países postsocialistas de Europa del Este a principios de la década de 1990, provocados por las transformaciones sociales. Se analizan ejemplos de textos literarios postmodernistas estonios, siguiendo las manifestaciones del postmodernismo desde los años 50 hasta principios del siglo XXI; el libro también aborda el etnofuturismo, la literatura popular y la digital, e introduce un modelo universal que permite determinar los textos postmodernistas en la literatura.

Piret Viires es catedrática de literatura estonia en la Universidad de Tallin (Estonia), e investigadora principal del Museo Literario de Estonia. Se doctoró en literatura estonia por la Universidad de Tartu en 2006. Es miembro del Comité de Investigación de AILC/ICLA sobre Literatura Comparada en la Era Digital.

Simulacro y simulación

El postmodernismo (también conocido como postestructuralismo ) es escéptico con respecto a las explicaciones que pretenden ser válidas para todos los grupos, culturas, tradiciones o razas, y en su lugar se centra en las verdades relativas de cada persona (es decir, postmodernismo = relativismo). En la concepción posmoderna, la interpretación lo es todo; la realidad sólo existe a través de nuestras interpretaciones de lo que el mundo significa para nosotros individualmente. El postmodernismo se basa en la experiencia concreta por encima de los principios abstractos, argumentando que el resultado de la propia experiencia será necesariamente falible y relativo en lugar de cierto o universal.

El posmodernismo suele ser un término ambiguo y global para las interpretaciones escépticas de la cultura, la literatura, el arte, la filosofía, la economía, la arquitectura, la ficción y la crítica literaria. A menudo se asocia con la deconstrucción y el postestructuralismo porque su uso ganó una importante popularidad al mismo tiempo que el pensamiento postestructural del siglo XX.

El posmodernismo tuvo una profunda influencia en los conceptos de raza y etnia en Estados Unidos a mediados del siglo XX. Mucha gente empezó a reconceptualizar el término «raza» como una construcción social, es decir, que no tiene una realidad biológica inherente, sino que es un sistema de clasificación que se ha construido o inventado con fines sociales. Tras la Segunda Guerra Mundial, los científicos evolucionistas y sociales fueron muy conscientes de cómo las creencias sobre la raza se utilizaban para justificar la discriminación, el apartheid, la esclavitud y el genocidio. Este cuestionamiento cobró fuerza en la década de 1960 durante el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y el surgimiento de numerosos movimientos anticoloniales en todo el mundo.

Wikipedia

La «condición posmoderna» de Lyotard -aunque introducida en un «informe sobre el conocimiento en las sociedades más desarrolladas y… presentado al Conseil des Universités [sic] del gobierno de Quebec a petición de su presidente» (Lyotard 1984, xxv)- ha sido a menudo vinculada específicamente a la superpotencia política, militar y cultural de los Estados Unidos.6 El siglo XX, también apodado el «siglo americano» -con referencia específica a las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial- llegó a ser asociado, por muchos observadores, con Estados Unidos como nación posmoderna por excelencia. Como epítome de una sociedad de la información posindustrial y tardocapitalista, se decía que Estados Unidos era un modelo para el resto del mundo, tanto por su atractivo, que invitaba a la emulación, como por su imperialismo, que imponía la dominación7.

El resultado de la mencionada agitación histórica y cultural fue un giro en el ámbito de la ficción, y la atención de los académicos, alejándose de las tradiciones literarias y las convenciones narrativas concebidas. En particular, este giro supuso una revisión, si no un rechazo, de la estética de la representación realista, que fue denunciada como otra narrativa maestra dominante que había que desacreditar, pero también supuso un distanciamiento de la creencia modernista en la autonomía y los sistemas cerrados del arte (véase la doble semántica de «post», que se refiere tanto a «después» como a «contra» el modernismo)9 . En su lugar, la escritura de ficción posmodernista de los años sesenta y setenta exploró a fondo lo que podía hacerse con el lenguaje para deshacerlo, cómo la narrativa podía utilizarse para cuestionar la narrativa y cómo los textos podían exponer el mundo como texto.

Telón rasgado y retorcido

El oscurantismo y el obscurantismo (/ɒbˈskjʊərənˌtɪzəm, əb-/ o /ˌɒbskjʊəˈræntɪzəm/)[1][2] describen la práctica de presentar deliberadamente la información de forma imprecisa, de una manera imprecisa y abstrusa, diseñada para limitar la investigación y la comprensión. [3] Hay dos denotaciones históricas e intelectuales del oscurantismo: (1) la restricción deliberada del conocimiento-oposición a la difusión del conocimiento;[a] y (2) la oscuridad deliberada-un estilo literario o artístico recóndito, caracterizado por la vaguedad deliberada[4][5][6].

El término oscurantismo deriva del título de la sátira del siglo XVI Epistolæ Obscurorum Virorum (Cartas de hombres oscuros, 1515-19), que se basaba en la disputa intelectual entre el humanista alemán Johann Reuchlin y el monje Johannes Pfefferkorn de la Orden de los Dominicos, sobre si todos los libros judíos debían ser quemados por ser una herejía anticristiana. [Anteriormente, en 1509, el monje Pfefferkorn había obtenido el permiso de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (1486-1519), para quemar todas las copias del Talmud (ley judía y ética judía) que se conocieran en el Sacro Imperio Romano Germánico (926-1806); las Cartas de los Hombres Oscuros satirizaban los argumentos dominicanos para quemar las obras «anticristianas».

Por admin

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